Tres fueron tres, las veces que pequé anteayer... sí, volví a comer y a purgarme, y ayer, una vez. Os juro que intenté controlarme, por el bien de mi boca. Se ve que nada me frena. Es que el domingo es de verdad el peor día de la semana, soy incapaz de no comer, y si como, sentir esa comida en el estómago, me produce una sensación de estar atrapada... tenía tanta ansiedad que lo único que pude hacer fue comer 3 veces y v... a continuación.
Ayer intenté arreglar las cosas, de verdad. Me levanté de buen humor, descansada, me dolía un poco la boca, decidí comprarme una de mis sopas que llenan mucho, y encima están buenas. Me pasé muchísimo tiempo por la mañana en el parque con mi perro, para distraerme y hacer ejercicio. Al principio bien, bueno, es que tenía hambre de verdad, ya que no tenía nada en el estómago, así que fui a comprar la sopa de 1 litro y leche desnatada para hacerme tés y capuchinos descafeinados. El plan era comer sopa, tomarme un café y luego cenar verdura o algo así.
Me tomé la sopa en 2 minutos muerta de hambre, pero me sació, y luego me eché la siesta. Me desperté un poco inquieta, sabéis que, ¡soñé con comida! ya es un acoso, no recuerdo si comía mucho, si compraba comida o si me purgaba, pero sé que había comida en el sueño. Eso me trastorno, pensar que ni dormida la puñetera comida me deja en paz.
Me fui al parque antes de lo habitual para serenarme, y era un agobio también, seguía pensando en la comida, no sé si os ha pasado, podéis estar pendientes de algo (por ej., de tirarle la pelota al perro, o de hablar con un conocido) y en mi mente había una película que seguía desgranando todos los alimentos que podía comprar si iba al supermercado. Me pasé una hora en el parque muerta de frío dilucidando si ir o no ir al súper a comprar. Cuando digo comprar, por supuesto, me refiero a comprar cosas de las que luego me tengo que librar...
Es ya obsesivo. Es fácil decir, no comas, o no devuelvas, pero, si como algo normal como una sopa, cuando estoy inmersa en Mía, eso me produce un mecanismo que me dispara el ansia, y cuando más atraso el momento de atracarme con más virulencia se produce.
Volví del parque, intenté distraerme en casa, pero las paredes se me caían encima, al final me fui al súper y me compré napolitanas de chocolate, un brazo gitano y gusanitos. Olé y olé la combinación. Me lo comí todo y luego fuera.
No sé qué hacer. En el parque intentaba negociar con Mía. Déjame tranquila unos días. Si el domingo es el peor día, te prometo un banquete para entonces, déjame comer con normalidad una semana.
No sé cuanto tiempo puede aguantar una persona vomitando cada comida, tomando medicación como la mía (antidepresivos y ansiolíticos) antes de que el cuerpo se derrumbe. Soy muy consciente de los riesgos. Lo que me pasa en la boca es pecata minuta. Pero supongo que es como esa frase de Freud, en el fondo, nadie cree en su propia muerte. Como las chavalas que piensan que son las demás las que se pueden quedar preñadas, pero que ellas están inmunizadas.
Sé perfectamente los riesgos que entraña Mía, pero los años que llevo jugando a la ruleta rusa, al parecer no hace más que reforzar que puedo estirar la cuerda un poco más. No sé si tengo que esperar a verme desmayada en el baño, con círculos morados bajo los ojos...
Ayer me planteaba en el parque, santo Dios, si tan importante es, come lo que quieras, así no se puede vivir. Pero ya sabéis. Lo que decía el otro día. Igual aunque pesara 55 kg, creo que no podría evitar comer y v... Tampoco creo que pudiera limitarme a comer y que se quedara dentro.
Lo hice un tiempo y engordé mucho, mucho. Pero ya no se trata de engordar, se trata de que es mi asidero. Mi anestesia. Mi refugio. Ayer a las seis de la tarde me planteaba volver a casa y cenar unas bienintencionadas verduras y era como quedarme viuda. Me quitan algo.
Sé que pago un alto precio por aliviar mi dolor. Una lentísima forma de acabar con una misma, lenta pero igualmente mortífera. El problema es que lo que tengo que pagar, mi salud, mi cuerpo, mi estabilidad, creo que ha dejado de importarme hace tiempo, o en todo caso, salvaguardarlo no reviste demasiadas ventajas.
La comida no es un problema, es un síntoma. Mientras mi vida no sea como debe de ser, Mía, con alguna visita de Ana, seguirá siendo la que manda en mi casa...
Me apunté a una carrera, a ver si me ayuda, un poco de motivación. Ayer empezó el famoso trabajo para el que no fui seleccionada, en el que está el tío que me gusta...
Para quitarle seriedad y añadir colorido pongo unas thinspos. Besos mis niñas, os adoro. Espero que estéis mejor que yo¡










