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martes, 31 de marzo de 2009

Tres fueron tres

Tres fueron tres, las veces que pequé anteayer... sí, volví a comer y a purgarme, y ayer, una vez. Os juro que intenté controlarme, por el bien de mi boca. Se ve que nada me frena. Es que el domingo es de verdad el peor día de la semana, soy incapaz de no comer, y si como, sentir esa comida en el estómago, me produce una sensación de estar atrapada... tenía tanta ansiedad que lo único que pude hacer fue comer 3 veces y v... a continuación.


Ayer intenté arreglar las cosas, de verdad. Me levanté de buen humor, descansada, me dolía un poco la boca, decidí comprarme una de mis sopas que llenan mucho, y encima están buenas. Me pasé muchísimo tiempo por la mañana en el parque con mi perro, para distraerme y hacer ejercicio. Al principio bien, bueno, es que tenía hambre de verdad, ya que no tenía nada en el estómago, así que fui a comprar la sopa de 1 litro y leche desnatada para hacerme tés y capuchinos descafeinados. El plan era comer sopa, tomarme un café y luego cenar verdura o algo así.

Me tomé la sopa en 2 minutos muerta de hambre, pero me sació, y luego me eché la siesta. Me desperté un poco inquieta, sabéis que, ¡soñé con comida! ya es un acoso, no recuerdo si comía mucho, si compraba comida o si me purgaba, pero sé que había comida en el sueño. Eso me trastorno, pensar que ni dormida la puñetera comida me deja en paz.

Me fui al parque antes de lo habitual para serenarme, y era un agobio también, seguía pensando en la comida, no sé si os ha pasado, podéis estar pendientes de algo (por ej., de tirarle la pelota al perro, o de hablar con un conocido) y en mi mente había una película que seguía desgranando todos los alimentos que podía comprar si iba al supermercado. Me pasé una hora en el parque muerta de frío dilucidando si ir o no ir al súper a comprar. Cuando digo comprar, por supuesto, me refiero a comprar cosas de las que luego me tengo que librar...

Es ya obsesivo. Es fácil decir, no comas, o no devuelvas, pero, si como algo normal como una sopa, cuando estoy inmersa en Mía, eso me produce un mecanismo que me dispara el ansia, y cuando más atraso el momento de atracarme con más virulencia se produce.

Volví del parque, intenté distraerme en casa, pero las paredes se me caían encima, al final me fui al súper y me compré napolitanas de chocolate, un brazo gitano y gusanitos. Olé y olé la combinación. Me lo comí todo y luego fuera.

No sé qué hacer. En el parque intentaba negociar con Mía. Déjame tranquila unos días. Si el domingo es el peor día, te prometo un banquete para entonces, déjame comer con normalidad una semana.

No sé cuanto tiempo puede aguantar una persona vomitando cada comida, tomando medicación como la mía (antidepresivos y ansiolíticos) antes de que el cuerpo se derrumbe. Soy muy consciente de los riesgos. Lo que me pasa en la boca es pecata minuta. Pero supongo que es como esa frase de Freud, en el fondo, nadie cree en su propia muerte. Como las chavalas que piensan que son las demás las que se pueden quedar preñadas, pero que ellas están inmunizadas.

Sé perfectamente los riesgos que entraña Mía, pero los años que llevo jugando a la ruleta rusa, al parecer no hace más que reforzar que puedo estirar la cuerda un poco más. No sé si tengo que esperar a verme desmayada en el baño, con círculos morados bajo los ojos...

Ayer me planteaba en el parque, santo Dios, si tan importante es, come lo que quieras, así no se puede vivir. Pero ya sabéis. Lo que decía el otro día. Igual aunque pesara 55 kg, creo que no podría evitar comer y v... Tampoco creo que pudiera limitarme a comer y que se quedara dentro.


Lo hice un tiempo y engordé mucho, mucho. Pero ya no se trata de engordar, se trata de que es mi asidero. Mi anestesia. Mi refugio. Ayer a las seis de la tarde me planteaba volver a casa y cenar unas bienintencionadas verduras y era como quedarme viuda. Me quitan algo.
Sé que pago un alto precio por aliviar mi dolor. Una lentísima forma de acabar con una misma, lenta pero igualmente mortífera. El problema es que lo que tengo que pagar, mi salud, mi cuerpo, mi estabilidad, creo que ha dejado de importarme hace tiempo, o en todo caso, salvaguardarlo no reviste demasiadas ventajas.

La comida no es un problema, es un síntoma. Mientras mi vida no sea como debe de ser, Mía, con alguna visita de Ana, seguirá siendo la que manda en mi casa...


Me apunté a una carrera, a ver si me ayuda, un poco de motivación. Ayer empezó el famoso trabajo para el que no fui seleccionada, en el que está el tío que me gusta...


Para quitarle seriedad y añadir colorido pongo unas thinspos. Besos mis niñas, os adoro. Espero que estéis mejor que yo¡





sábado, 28 de marzo de 2009

Dolorida

Hola, mis niñas. Siento no haber escrito durante tantos días... he estado bastante deprimida, la regla me deja por los suelos, y siempre me pasa igual, cuando me va a venir, estoy tan hundida y ansiosa que no puedo evitar comer de más. Después, cuando me baja, me hincho muchísimo, no me cabe la ropa normal, este mes incluso me molestaba el sujetador. Y aunque sé que es transitorio, me deprime muchísimo tener que ponerme ropa ancha y parecer una pelota...

Me he dado cuenta de que existe una espantosa pauta relacionada con la regla y la forma de comer (o de no comer) Cuando me falta una semana para que me venga, estoy, bueno, supongo que como todas, con caprichos de dulces y eso. Pero claro, yo que como compulsivamente y ya ni me acuerdo de la última vez que comí de manera sana, eso se traduce en pasarme una semana arrasando lo que pille. Después con la regla se me va el hambre pero aun así estoy enorme.

El momento de más estabilidad mental es justo cuando se acaba la regla, un par de días después. Entonces tomo conciencia de que he ganado, igual un kilo, y empiezo a notar que la ropa me molesta. Decido ayunar y abrazar a Ana. Lo consigo durante unos 20 días, si no hay alguna debacle emocional claro, hasta que me llega otra vez el puto síndrome premenstrual, y vuelta a empezar.

El caso es que este mes, he tenido ataques de pánico (por uno de ellos me bajé del autobús que me llevaba a una entrevista de trabajo) Ese día, el de la entrevista, bueno, al volver en metro realmente creí que me moría, es la sensación de que vas a tener un ataque al corazón.

Y para rematar, he pasado estos días sufriendo una dolorosísima gingivitis. La gingivitis me suele coincidir con la regla o períodos de estrés, y es por usar tanto a Mía. Me dolía tanto que me subió la fiebre antesdeanoche y tuve que ir al dentista de urgencia...

El caso es que ayer fui con mi dentista y me dijo que tengo una muela cariada infectada, de ahí la gingivitis. Pero la muela me la he cargado yo devolviendo...

Estos días, han sido raros en cuanto a la alimentación, en realidad me dolía tanto la boca que casi no podía comer. Y estaba tomando analgésicos, antibióticos y mi medicación habitual, así que cuando el dolor me daba un descanso comía lo que quería comer y punto. Hablando con una princesa, me convenció el finde pasado de no devolver, y la hice caso, pero luego el lunes y el martes no pude evitar atracarme de noche y usar a Mía. Claro, eso agravó la gingivitis.

El caso es que ahora apenas me duele, pero eso sí, comer normal y no moverme apenas ha dado como resultado que mis vaqueros casi no me van, me siento enorme, así que para variar, comienza el ciclo de ayunos.

El problema terrible que tengo ahora es:

- No puedo vomitar. No debo, no debo, porque el dolor que he sentido es insuperable. Si vomito otra vez...

-No tengo motivación. Me he dado cuenta de que.. bueno, en esta epoca del año, justo el lunes, comienza el trabajo ese para el que no fui seleccionada en origen, y que es donde veo al tío que me gusta. Este año no estoy. No tengo trabajo, no voy a clase, no salgo por ahí. Me planteo a veces que si vivo apartada del mundo, si la comida me alivia este dolor tan grande de vivir, pues que ancha es Castilla, comer libremente, a quién le importa que pese 70 ó 50 kilos. Si soy invisible y estoy sola.

Luego me planteo, que si pesara 50 kilos, probablemente podría hacer cosas que no hago ahora. Ejemplo, ir a clases de baile. Ejemplo, quedar con un "amigo" con el que llevo un año hablando por msn, que es super interesante además de estar buenísimo. Y que continuamente me ofrece una visita turística a su cama. Ya sabéis, ni de coña me desnudo ante nadie estando como estoy...

Ya no se trata de engordar o no. La comida, es esencial para mí, es una droga. Llevo tantos años comiendo compulsivamente, vomitando, premíandome o castigándome con comida. En una ocasión dejé a Mía voluntariamente y engordé una barbaridad, porque los atracones no terminaron.

Es terrible, pero lo único que sé hacer es ser una puta bulímica restrictiva, no comer en todo el día y esperar a la noche, comer lo que quiera y vomitarlo. Es lo único. Que no sólo me funciona sino que le da un sentido a mi vida, una sensación de control.

La comida siempre está ahí. Me fallan los trabajos, no consigo ser quien quiero ser. Estoy completamente sola, pero la comida siempre te ofrece un consuelo. La comida es como el dolor, siempre cumple lo que promete.

En uno de los documentales que tenéis en el blog, Falsas ilusiones, una chica con trastornos de alimentación comenta, que le asustaba curarse, porque, quién iba a ser ella sin su trastorno. También sale una médico explicando lo que le cuesta a las enfermas renunciar al trastorno, porque es una manera de no enfrentarse a la vida.

En otro libro que conoceréis por la peli, Trainspotting, el protagonista Mark Renton, heroinómano, cuenta que la ventaja de ser yonki es que todo lo demás deja de importarte. Te da igual que esta tía te haga caso o no, cómo va tu equipo de fútbol, los colegas... explica que cuando estás con la heroína, conseguirla y chutártela es lo único que ocupa tu mente.

Eso me pasa a mí con la comida, y los rituales, de ayuno, purga, pesarse... Puede ocupar tanto mi mente que no veo lo vacía que está mi vida.

Estos días en Madrid ha hecho calor de verdad, 25º. Y me acuerdo ahora de la sensación asfixiante del verano, de la necesidad de ir casi sin ropa para no morir abrasada. Me pongo una camiseta de manga corta, y se ven los brazos gordos, se marca la tripa, salen los michelines. Tragedia. Algo he de hacer para que cuando llegue junio, pese 10 kilos menos.

Ha sido una entrada muy larga. Me ha costado volver a escribir. Invadida por una pereza mortal, sólo quiero dormir, pero leo vuestros blogs aunque no comente. Gracias por los comentarios de mi última entrada.

Quiero ahora dedicar la letra de una canción a una princesa que sufre y que ojalá sonriera todos los días, porque es una persona maravillosa. Espero que sepa el cariño que le tengo y que pienso en ella aunque no me conecte. Para mi brujita, Neva esta canción me recuerda a ti no sé por qué.

Mi soledad, Georges Moustaki

Por haber dormido tan a menudo con mi soledad
Se ha convertido casi en una amiga, una dulce costumbre
No me deja ni un momento, fiel como una sombra
Ella me ha seguido por todas partes, por los cuatro rincones del mundo

No, yo no estoy jamás solo, con mi soledad

Cuando ella se tiende en mi cama, la ocupa toda entera,
Y pasamos largas noches, los dos, frente a frente.
Verdaderamente, no sé hasta donde me seguirá esta cómplice.
Será necesario que me acostumbre o que reaccione.

No, yo no estoy jamás solo, con mi soledad

Por su culpa he visto tanto que he llegado a llorar.
Si alguna vez la rechazo, nunca se rinde
Y aunque a veces prefiera el amor de alguna otra cortesana
Ella será en mi último día, mi última compañera.

No, yo no estoy jamás solo, con mi soledad.
No, yo no estoy jamás solo, con mi soledad.

sábado, 14 de marzo de 2009

Maldita sea


Otro atracón. Puta comida. Lo del pollo del otro día abrió las compuertas. Con la semana tan buena que llevaba, no falla, me va a venir la regla y el hambre y el ansia me dominan. Qué fracaso.


Meme

Patrizia, nuestra querida Mitómana Profesional me ha nominado a un meme que consiste en comentar 6 cosas que me gustan:

-Ver Crímenes Imperfectos, programa de la Sexta que emite a las 12:00 h, en mi sillón con mi perrito, con las ventanas abiertas, entrando el sol, con una taza de té negro y un cigarro.

-Encontrar un libro nuevo que me abstraiga y leérmelo en un día.

-Pesarme y ver que he bajado medio kilo en un día jeejje

-Dormir abrazada a mi perrito y notar su respiración en mi barbilla y su tripita caliente

-Quedar con mi hermana, reírnos, tener nuestro propia forma de expresarnos.

-Descubrir, investigar,crear cualquier cosa, este blog, una poesía, ver algo en un periódico...

viernes, 13 de marzo de 2009

¡Luminosa, cómete el pollo!

Buenos días, chicas. Ayer seguía yo con mi ayuno tan tranquila en mi casa, y no lo estaba pasando mal... cuando me empezó a entrar hambre, hambre de la de verdad, me sentía desfalleciente. Ya conté que mi madre trajo hace mil pollo asado y un pan riquísimo que, con mucho orgullo, había dejado intacto. Pues bien, ayer precisamente venía a verme mi madre (yo misma la hice una llamada perdida para que viniera ya para sacar luego al perro) cuando me entró tanta hambre que os juro que me hubiera comido el cordero de Dios.

Intenté por todos los medios controlarme, pero... ay, fui incapaz de tomarme un poquito de sopa o unos espárragos, me lié con el pollo (él estaba allí, yo me sentía sola) y ya de perdidos al río, quedaba comida de la semana anterior, napolitanas de chocolate, plumcake de frutas y un capricho raro pre-regla: carne de membrillo con queso Gouda, vamos, hiper calórico pero riquísimo. Tenía que echarlo todo después, ni que decir tiene.

No hace falta que explique lo que es estar comiendo con ansia, porque además TENIA HAMBRE, pero esa sensación que te entra porque sabes que tienes purgarte. Encima, en medio del atracón, me llama mi madre al móvil:

-Luminosa, estoy llegando.

Dios, sonó como una amenaza¡ Yo recogiendo todo en la cocina y luego v... en mi barreñito en el fregadero, a todo tren, y cómo no, ya lo había echado prácticamente todo cuando... DING, DONG. Ha lllegado la madre y ¡hala! el barreño a meterlo en el armario de bajo de la pila (qué guarrada, lo sé) y me enciendo un cigarro rápido para que no note el olor.

Os juro que no sé como no me dio un Marichalar. Encima el perro que es un glotón venga a rondar por la cocina y a mirarme, como diciendo, hey, chavalita, que se que hay comida cerca... mi madre no notó nada. Al final, Luminosa se comió el pollo¡ ajajaja en fin.

Para rematar, me dice mi madre antes de irse, mañana tengo que ir a hacer no sé qué, así que si quieres vengo a comer contigo y traigo un pollito asado. El pollo asado siempre ha sido de mis comidas favoritas pero como que le voy a empezar a coger manía.

Bueno, creo que me libré de casi toda la comida, más me vale en todo caso, porque era toda hiper hiper calórica, luego no cené nada, obvio, y me tomé una infusión Bio 3. Pero como siempre que me va a bajar la regla y uso a Mía, me salió un flemón como la cabeza de un niño. A ver si voy al dentista de una santa vez.

En otro orden de cosas, esta mañana estaba reflexionando, que nada de lo que he hecho es en vano, en el sentido de que el año pasado, pesaba 65 kilos en junio. Me quedé después en paro, y el peso más alto que he alcanzado ha sido 72. Teniendo en cuenta mi tendencia a engordar, mis atracones, mi nula actividad física, lo normal hubiera sido engordar 17. Si no hubiera adelgazado con Ana/Mía el año pasado, hubiera vuelto a pesar 83 como en 2007, fijo.

Porque durante la segunda mitad de 2008, bueno, la única actividad ha sido sacar al perro, jugar con él, pasearlo, vamos, eso ayuda, pero es un cachorro, no un toro de lidia. Yo no voy al gym. En paro, estudiando a distancia... Haber engordado sólo 7 kilos está bien.

Todo esto lo explico porque, si ahora consigo bajar hasta 55 kg, y Santa Ana no lo permite, por lo que sea vuelvo a subir de peso después, es como si el metabolismo se acelerara, o como si el cuerpo ya no consiguera subir hasta cierta cantidad de peso, así que con suerte si adelgazo lo que quiero, una de dos, o me quedo así, o si engordo, subo unos 5 kg, que es lo que le pasa a la gente normal. Sin convertirse en un cachalote.

Y eso para mí es un motivo de esperanza. Y si tengo realmente suerte, consiguiré el trabajo para el cual tengo una entrevista el lunes (bieeeen) es un trabajo parecido al que hacía los dos años anteriores y para el que no me cogieron. Si trabajo y consigo estudiar, en serio, seré tan feliz que no me quejaré de nada nunca más.

Voy a añadir unas thinspo para motivarnos. Gracias como siempre por vuestros comments, porque este blog, no es mío, es vuestro, y cada cosa que hago es para vosotras! Os quiero.








jueves, 12 de marzo de 2009

Fasting girl

Hola, mis princesas. Ya estoy más animada, se me pasó el disgusto, el susto dura, pero ya estoy mejor. Sigo ayunando desde el lunes, no tengo hambre, el martes sí tenía, pero ayer simplemente me sentía como si hubiera comido muchísimo, así que ¿para qué arruinarlo? Además, sencillamente me dio pereza tener que ir a la compra, cocinar, y también la posibilidad de comer demasiado, tener que purgarme... es más fácil no comer. Me limito a beber agua, té, coca cola zero. No me he pesado, porque la semana que viene me toca la regla y ya estoy hinchada cual ballena salvaje, así que no tiene sentido, esperaré a que venga y se vaya.

Para entretener mis horas de ocio desesperante, miro y busco en Internet. Ayer di con un artículo que hace referencia a las fasting girls:

No comer. Ese es el significado literal en latín de la palabra inedia.En la época victoriana,hasta entonces patrimonio de santos medievales, reapareció de un modo inesperado y masivo. El espiritismo, y todo lo paranormal en general, eran la diversión de moda en la Inglaterra victoriana. Aparecidos, duendes, hadas, astrología, muertos parlantes, que parecían haber sido desterrados al mundo de los cuentos por la Ilustración, reaparecieron con más fuerza que nunca en los salones de té de Londres a finales del XIX. La inedia fue uno de los más exitosos en este resurgir de lo oculto. Multitud de niñas y adolescentes inglesas afirmaban no necesitar el menor sustento material para vivir. Eran tantas que incluso existía una palabra para referirse a ellas, las llamaban las fasting girls. Las chicas en ayuno. Eran una da las atracciones mas visitadas en ferias y circos de lo extraño y también eran habituales en teatros de variedades.

El público que observaba a aquellas chicas a las que se les notaban los huesos veía un misterio insondable, una prueba de la existencia de cosas que no comprendemos, un desafío a la razón...

Fueron mujeres que, llevadas por lo que hoy se llamaría anorexia nerviosa, por creencias religiosas extremistas, por ansias de popularidad, por desequilibrios mentales o simplemente (e irónicamente) por la misma hambre para ganar dinero o aportar fama a su pueblo o ciudad, arriesgaron la vida mientras decenas de médicos nunca llegaron a explicarse del todo el por qué ni el cómo de su actitud.

El caso de la joven Sarah Jacob es frecuentemente interpretado como el primero adscribible a la anorexia nerviosa (aunque esto sería muy discutible), en un siglo en el que la corriente romántica empezó a propugnar el ideal de belleza pálido e insano que tan bien retrataron (y publicitaron) los artistas prerrafaelitas.
Sarah tenía diez años cuando empezó a dejar de comer. La niña, procedente de una familia modesta y analfabeta, empezó a quejarse de molestias en el estómago y en la boca hasta que fue encamada por consejo médico .. sólo para empeorar : durante tres meses sufrió convulsiones, ataques epilépticos continuos, parálisis temporales en brazos y piernas y, sobre todo, fue dejando de comer. Cuando el 10 de octubre de 1867 los médicos documentaron que había empezado el ayuno total, llevaba ya varios días comiendo apenas un minúsculo trozo de manzana al día.
Durante los meses siguientes, Sarah sólo probó el agua, y su caso corrió como la pólvora por todo el Reino Unido, haciendo que cientos de especialistas y curiosos la visitasen en su humilde habitación. La joven había dejado de orinar y de excretar a las pocas semaas, y, curiosamente, aunque se mostraba más delgada, no presentaba mal aspecto. Sarah se convirtió en un ejemplo de perseverancia y fortaleza sin igual y su familia empezó a recibir dinero, regalos, flores, libros (Sarah era la única que sabía leer en la casa) y demás presentes que sus padres aceptaron sin dudar. En los últimos meses de su vida, la habitación de Sarah era un cuadro prerrafaelita perfecto : los cronistas eran recibidos ante la niña dulcemente colocada en una cama radiantemente blanca y cubierta de flores.

El caso de Sarah fue tan profundamente estudiado en su tiempo que parece ser que fue real : la niña no comió absolutamente nada durante más de dos años, sin que se le notara físicamente hasta, al menos, mediados de 1869. Ésa fue la época en la que Sarah comenzó a empeorar, hasta su muerte en el mes de diciembre. Fue un escándalo. Al parecer, en los últimos meses de su vida y coincidiendo con el empeoramiento de la niña, ésta había comenzado, por primera vez en todo aquel tiempo, a pedir comida. Sus padres y los médicos que la estudiaban se negaron a dársela, llevados por una mezcla de miedo, de ambición y de deseos de experimentación. Las crónicas, que hasta ese entonces habían tratado el caso casi como si de un fenómeno de feria se tratase, alzaron la voz. ¡Una niña muerta de hambre en el Occidente desarrollado del siglo XIX!. Por coincidencia o por alguna otra razón, la moda romántica que propugnaba el ideal de mujer casi transparente había empezado ya a pasarse de moda en la Inglaterra de la época.

PD. Ni los padres de Sarah ni el personal del hospital fueron juzgados por asesinato.

Otro caso trágico de fasting girl fue el de Leonora Eaton (Nueva Jersey, 1881), considerada como una "persona especial y símbolo de fe" murió tras 45 días sin comer.

martes, 10 de marzo de 2009

Culpa

Ayer no comí nada, y hoy tampoco. Hace como 1 hora y media salí al parque con mi perro, con una botella llena de té y tabaco. Me sentía bastante débil, no creía que fuera a aguantar. En el parque me he llevado un susto tremendo, han estado a punto de atropellar a mi perro, en realidad, le han dado en los cuartos traseros, un coche. Todo ha sido por mi culpa: estaba jugando con una perrita, y el niño dueño de la perra ha tirado mal la pelota de mi perro y ha caido fuera del parque. Yo he ido a por ella convencida de que mi perro no me iba a seguir porque estaba jugando, pero sí me ha seguido. Lo increíble es que no le han hecho nada, ni siquiera le duele, a los 10 min estaba jugando de nuevo. Yo no podía respirar, convencida de que me lo habían matado, al menos lesionado gravemente. Dios, que llorera ahí en el parque.


No sabéis lo importante que es mi peque para mí. Ya es la tercera vez que se libra de ser atropellado, pero es la primera que es por mi culpa. El hambre se me ha ido de golpe y solo me queda angustia y pena. No puedo soportarlo. Yo no soy creyente pero tengo que rezarle a San Antón, porque está claro que este perro está protegido.


Sabéis no quería contar esto en el blog, porque he pensado que mejor olvidarme del tema, no queria que quedara registrado, pero bueno, ha pasado, y tengo la (mala) costumbre de ocultar mis emociones, negar mis problemas, el sentimiento de culpa creo que será más llevadero si lo cuento. No me hace gracia que haya pasado pero así ha sido.


En fin, después de esto, me da un poco igual el resto de mis temas, sigo sin trabajo. No me he pesado, voy a esperar unos días. Para soportar el hambre, miro vuestros blogs, miro thinspo, hoy he visto dos veces la peli Malos hábitos y leo algunos de los libros que vienen en la sección descargas.
Besos a todas y gracias por vuestras palabras en mi entrada anterior.